Un breve cuenticho

Siendo los últimos dos posts de cuentos que escribo en el taller literario, les pido disculpas. Sé que les interesan más mis desgracias que mi producción narrativa... pero todo sea porque Seamos no muera.

Harto, se miró por decimocuarta vez en el espejo. ¿Qué era lo que faltaba?
Color no, claramente. Tampoco era cuestión de tamaño, pero el vacío era importante y se notaba.
Qué enfermo lo ponía. Lo exasperaba, al punto que se volvió a poner el traje y apagó la blackberry  para salir a caminar:  Total, era muy improbable que a esa hora cerrara alguna transacción importante.

Deambuló  por el barrio, se cruzó a un par de colegas -entre ellos un pesado que siempre quiso robarle el puesto, y que ahora lo interrogaba, envidioso.
Cuando se lo sacó de encima, siguió andando, circunspecto, y sin darse cuenta recorrió más de 30 cuadras. En ese instante, una verdulería se lo chocó y le rompió las cavilaciones.

De puro vengativo, resolvió entrar y robarse una fruta cualquiera, una pera quizás.
Una testigo lo reconoció: "¿Pero ese no es el gran funcionario...?"

Recién en el camino comprendió la naturaleza del acto, ¡eso había estado buscando!
Rió como un bebé, y volvió a su casa corriendo, inundado de ansiedad. Se sacó el traje, se cercioró de que sus hijos no estuvieran, y, algo más tranquilo, se posó frente al espejo.

Levantó la pera, y la acomodó en el lugar exacto. Lo maravilló el contraste, sobretodo con su piel.
Satisfecho, se miró por decimoquinta vez: ahora sí su tocado parecía el de Carmen Miranda.

1 sabias opiniones:

Belenie dijo...

Jajajajajja, Carmen Miranda. Genia !
Un beso Meritaaa

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