El sol del 25 viene asomando..

Ufff.. el 25 de mayo sólo me trae una clase de recuerdos: Los del colegio primario.

Esta vez no vamos a hablar de que French y Beruti no eran muchachos macanudos y sonrientes que repartían escarapelas a toda la populachada porque eran buenos, ni de que iban armados ni de que no habían muchos paraguas en el cabildo. Voy a proceder a contarles cómo se festejaban las efemérides patrias en mi jardín/primario.

Todo empezaba más o menos una semana antes, donde además de hacernos buscar figuritas sobre los próceres de turno, nos hacían el pintar la escenografía unos días antes de que armen el escenario ( Miles de bloques de madera balsa apilados y cubiertos con una especie de franela azul )
Luego de la prueba de sonido ( el umpa que trabajaba ahí berreando ante el micrófono como un orangután) se venía reparto de los papeles, que para nosotros era siempre la mejor parte. Predeciblemente siempre me tocaba de aguatera, de negrita o de dama antigua. Yo me sentía una pequeña estrella con los vestiditos con miriñaque o la cara pintada de corcho quemado; Pero después de muchos años noté que siempre, fuese lo que fuese era un cuatro de copas, parte del fondo, y pesar de eso mis papás me filmaban y aplaudían de pie mi breve interpretación como si fuesen los padres de Andrea Del Boca.

Cuando todo terminaba nos obligaban a subirnos TODOS LOS ALUMNOS DE JARDÍN Y PRIMARIA al escenarito improvisado. Nos ponían en filas, los más chiquitos adelante y los más grandulones atrás, para que se nos viera. El drama de esto era la 'Avalancha', sí, cuando los de 6to grado empujaban a los de adelante. Como nosotros eramos los más chiquitos, siempre terminabamos con algún compañerito que caía del escenario y se tullía en pleno saludo.
Igualmente cuando yo cumplí 12 años admito que he sido responsable de la caída de más de un chiquito, e incluso de haberme descostillado de la risa al verlo todo despatarrado abajo del escenario.

Al final venía un discurso más que reiterativo de la dueña del colegio, donde después de una hora y media de hablar de cuando el colegio era apenas un sucucho, nos invitaba a tomar 'una rica chocolatada con churros'. Para qué, eran todos los chiquitos y todas sus familias corriendo con despesperación a la olla comunitaria donde estaba la chocolatada ( preparada por Felisa, la persona más desagradable que puediesen imaginar ) . Si bien la olla tendría una capacidad de 50 litros, 11 eran de una nata oscura y espesa.

La chocolatada la servían hirviendo en los vasos de plástico naranja que usaban para darnos la merienda todos los días, que tenían todos los bordes mordisqueados, y los churros eran una cosa gomosa, pasada e insípida que les habrán sacado los dientes a más de una vieja.

Uno cuando terminaba el acto siempre se preguntaba si para eso había tenido que madrugar un feriado, pero sin embargo aunque cuente esto como una desgracia horrible.. esos fueron buenos tiempos.

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