A pesar del título, este posteo poco tiene que ver con la obra de Víctor Hugo. Éste es un caso de miseria real. Y no me estoy metiendo con la gente pobre de verdad, si no con esa gente que tiene, pero ratonea de todos modos.

Para ser más gráfica, les puedo dar un ejemplo que encaja perfectamente con lo que quiero decir. Es el caso de mi amigo Rodolfo. Él vive con sus padres y sus 6 hermanos en una casa preciosa que incluye un jardín enorme, también tienen una camioneta último modelo que cuando a uno lo alcanzan a algún lado se siente en el auto de Ayrton Senna. Pero nadie que lo conozca a Rodolfo podría pensar eso; Él da más el perfil de un zaparrastroso, de una rata callejonera.

Sólo háganse a la idea: Va al colegio con las uñas largas y sucias, el pantalón sin planchar, y, lo peor de todo, un sweater de un color parecido al del colegio, tejido por algún familiar a 2 agujas que ya está usado por 2 de sus hermanos, por ende le queda por el ombligo, está todo descolorido y tiene bolitas de tan arratonado.
Otro caso sería Ngunza, mi profesor de kite. El hombre fue de los que trajo el kitesurfing a la Argentina y tiene una escuela enorme en un parador divino. Sin embargo uno lo ve y le dan ganas de darle monedas por lo rotoso y desgreñado que está. Su prenda fetiche es un gorrito de polar color naranja y amarillo ya grisáceo de lo percudido. También está particularmente encariñado con un traje de neoprene sucio y boleado que tiene (sin exagerar) un agujero en la espalda de 20 cm.

Es como esa gente que tiene para comprarse zapatos, pero que por tacañería anda con un solo par hasta que otras personas los cargan con que sus zapatos pueden hablar, o como aquellos que van a los restaurantes más caros y 'top' en un Audi que estacionan en la esquina, y después piden si no les envuelven el cuarto de milanesita que quedó en el plato.

Y a mí eso siempre me lleva al mismo interrogante:

¿ Qué necesidad hay de ratonear así?

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