Traumas culinarios III



Éste fue, sin dudas, el peor de mis traumas. Pasó en sala de 4, también nos quedábamos en comedor, pero los de jardín comíamos directamente en el aula. La encargada del comedor era una maestra tan fea como simpática que se llamaba Marianela. Marianela era bajita, de ojos claros y tenía la nariz llena de lunares. Esta mujer tenía una costumbre horrible, y era la de probar mi comida con mi tenedorcito. Juro que estaba aterrada cuando veía que se acercaba el momento de ir a comer, porque sabía que iba a venir, de refilón haciéndose la que hablaba con otra maestra y miraría con cara de pervertida mi viandita. Entonces se acercaba, bajo el grito de: ' ¿Y esto? Mmm, ¡qué rico! ' y PLAF! se metía mi tenedorcito verde en la boca, saboreaba mi comida, y se lo sacaba. Después me lo dejaba todo baboseado ahí al ladito, y, de sobradora nomás, me miraba con cara de: ' ¿Por qué no comés?' Porque yo después de eso directamente no comía. Tampoco podía comer esa gelatina insípida que nos daban sin oler las cucharitas, ¡ a ver si todavía estaban babeadas también ! En esos momentos lo único que ansiaba era llegar a casa y tomar la leche en territorio seguro.
 
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