Aerolínea de amor.

Como supondrán, a Paraguay fuimos en avión; Papá eligió otra aerolínea que no era Argentinas, por temor a los atrasos, cancelaciones, etcétera. Entonces compró en TAM. Hasta ahí, todo bien, sin complicaciones ni patatúses; Hasta levantar la mirada y ver, en los enormes plasmas del íaport (como decían por el altavoz), el video del último accidente que la empresa había tenido. En el alegre video se podía ver un avión de TAM idéntico al que nos íbamos a subir, solo que negro, chamuscado y del que sacaban a toda la gente quemada y, al menos, medio muerta. Qué felicidad ! Para colmo era un constante replay, cada vez que levantabas la cabeza veías que sacaban al mismo umpa que te habían mostrado hace 5 min, gritando y sufriendo. Nos fuimos al bar a esperar, donde un gordo se hacía el ejecutivo diciendo que tenía firma por 20 millones de dólares, y demás cosas que no me voy a poner a detallar por vergüenza ajena. El gordo se la creía, se sentía un millonario, Johnny Tolengo, y resulta que viajaba en clase turista, al fondo del fondo, cerca del baño.Al lado nuestro se sentaba una mujer que se hacía la cosmopolita (algo así como: 'viajo tan bien en los aviones que no me puedo contener'). Evidentemente tanta experiencia no tenía, porque apenas nos trajeron el almuerzo insípido ella abrió un potecito con un menjunje blanco y, pensando que era queso crema se lo puso al pan, lástima que era crema chantilly. Para colmo Papá la estaba viendo y no tuvo otra opción que poner cara de 'cómo me gusta el pan con crema' y comer varios pedazos disimulando la cara de asco. Otro personaje que nos encontramos en el aeroplano fue una señora rubia de polera blanca, que al principio no llamaba la atención por nada, era una mujer normal, hasta que el avión empezó a despegar. Con Papá miramos a la derecha y estaba la pobre señora toda colorada, agarrada al apoyabrazos con una fuerza descomunal, durísima, y en la otra mano tenía un rosario que no soltaba ni por casualidad. ¡ Cuánto miedo tenía esa pobre mujer !. Se calmó durante el viaje, y cuando llegó el momento de aterrizar, todos los síntomas antes descriptos volvieron a aparecer con más fuerza aún.Se había puesto bordó. ¡ Qué lindo viaje ! ¡ Qué divinura !
 
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