Shot of love o Inyección letal.

Anoche me fui a acostar casi tranquila, seguramente porque no sabía el destino que me deparaba para hoy. Me sentía un cachito mal, nada serio, lo único que realmente me molestaba era el frío. Había estado todo el día con frío, incluso cuando almorzamos con papá al lado del río y el sol pegaba de frente. Pero todo lo demás bastante bien. Llego a casa, como y me voy a acostar temprano. Sentía una molestia chiquita en el oído. Nada perturbador. Me duermo, sueño con que mi ex novio me escupía el asiento.. me despierto gritando. No por soñar con un garzo, por supuesto, si no por un dolor horrible e indescriptible en el oído izquierdo. Alarido, despertar a mamá que me pone gotas inútiles y trata de que me calme, para peor bostezo y no sé por qué, el dolor aumenta aún más. No podía dejlar de llorar y de gritar. Después de una hora aprox, me vuelvo a dormir, me despierto de nuevo, estornudo, siento como si el tímpano me reventara y crisis de nuevo. Mamá me vuelve a calmar y me duermo. Me despierta a las 7 de la mañana, pero en vez de apurarme para que me ponga el uniforme y corra para el colegio, me dice bastante tranquila que vamos a ir al hospital militar. Cuando escuché esas dos palabras me agarré; deberían recordar el recorrido eterno que hice la otra vez. Por suerte llegamos y un chico bastante lindo que trabajaba en la recepción y se llamaba Marcelino Y nos hizo pasar rápido. No voy a entrar en detalles de los horribles aparatejos que me metieron en la oreja, pero me voy a remontar al momento en el que la médica me mira con cara de cínica y me dice:

-Mmm... ¿Cómo te llevás con las inyecciones?

La curiosidad me llevó a decir 'Yo? re bieeen, soy la chica inyección !' incluso con una sonrisa, sólo por el hecho de que nunca me habían dado una.
Para qué. Fue salir de ese búnker, ir a buscar una farmacia de confianza, y sentarnos en un bar a esperar más de 40 minutos que la vieja abriera el negocio. No aguantaba más, sentía que me reventaba el oído y miraba desesperadamente a la farmacia con cara de vaca degollada, a ver si la mujer llegaba. Resulta que llegó 5 minutos antes y empezó a abrir la puerta. No puedo explicarles el bulebú que hizo la vieja para abrir una rejita, primero se acomodaba las chuzas, después se acomodaba la cartera tranquilísima, buscaba relajada las llaves, las sacaba y examinándolas con cuidado, elegía cuál era la que abría la puerta. Habrá estado 10 minutos girando la llave, subiendo la persiana y todo, a lo que yo estaba exasperada gritando desde enfrente : Apuraaaaate !. Para colmo mamá me decía que no hay nada de malo en que la gente sea tranquila. Sí hay.
Llegamos, la mujer tarda como 10 minutos en aparecer, le cobra carísima la inyección a mamá.. (no pude evitar hacer el chiste 'pero esta mujer te rompe el c. !') y finalmente me hace pasar a un cubículo que no redecoran desde los 70.

-A ver, bajate un poquito el pantalón, ponete floja..

Me miro, y tenía puesto un bombachón de esos que usaba cuando tenía 7 años, los del moñito. Era predecible el 'vas a sentir un pinchacito'. Cuando me distraigo.. ardor. Me muevo y me doy cuenta de que tenía la jeringa todavía clavada. Alarido de horror. Flora, la farmacéutica, empieza a meterme el líquido en el cuerpo, y apenas me saca la aguja, otro grito y ya no sentí más el muslo entero. Llegar a casa sintiéndome el personaje de A la deriva, dormir horas, y despertame con los ojos caídos y reacciones lentas, hecha una estúpida. Recién ahora se puede decir que estoy completamente lúcida.. asique ya mismo me pongo a tirar patadas, de esas que si te pegan te cambian de barrio, al ritmo de 'Será que no me amas'.
 
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