Rock'n Roll, nenenenen


Como el 90% de las personas que cantan, suelo sentir que lo hago muy bien, con destreza y habilidad, ilusión que se rompe siempre que me escucho.
Sin embargo, pese a ser consciente de que mi voz es peor que la de Belén Francese, siempre creí que podría encontrar un estilo en el cual destacarme y que no fuese necesaria gran técnica sino la onda, ya sea el hardcore, el screamo, el punk o quizás el metal.

Así, hace unos años, me puse a buscar tutoriales en internet y teoría sobre el tema. Después de un par de horas, ya había asimilado dónde tenía que poner el aire, qué hacer con el tórax, etc. etc, pero aún no lo había probado. Por eso, esperé a que mi mamá se fuera al supermercado para poner  algún karaoke en youtube y dar rienda suelta a la Nina Hagen que yacía en mí.

Elegí, nada más y nada menos, Back in Black de AC/DC
Chan, chananan, chanananan (tururururururu)… esperaba yo a que empezara, sentada firme en la compu y con la ventana abierta.
Cuando llegó el momento de cantar, emití un graznido peor que el de Happy Feet, pero no desalentada con eso, decidí chillar toda la canción como una desquiciada.

Me concentraba yo en mis alaridos, cuando sonó el MSN.
Mensaje de Nico. (Nico era un vecino de veintitantos años, DJ, del que en esa época andaba medio enamorada) "Che veci, veo que te gusta AC/DC  ajajajajajajaa"

Para qué. Todo el espíritu del rock and roll se fue de mí, dejándome sola con la puber  que realmente era, y, desesperada y sin disimulo, cerré violentamente las ventanas y paré la música, quedando sola y avergonzada en mi habitación. Al principio miré a todos lados desorientada, derrotada y con los ojos llorosos de vergüenza, pero con un dejo de rockstar (que la verdad no era) fingí que nada pasó hasta que llegó mi mamá del super.


O sospechó algo, o no se dio cuenta. Yo preferí consolarme pensando que el rock es sólo una cuestión de actitud.



Aquí algo similar seguramente a cómo haya sonado, por eso cuando lo ví me causó mucha más gracia que al resto de los mortales. Cabe aclarar en mi defensa que al menos yo no bailaba y sabía la letra.




10.000 VISITAS YA, LA PUCHA PURRETES, ¡MUCHAS GRACIAS!

Demoliendo hoteles


No sé si recordarán hace algunos años esa moda de las tazas con nombre o con signo zodiacal, con dibujos como Garfield y frases del estilo “De aquí solo toma ALICIA”. En esa época yo tendría unos 7 años, y, no les voy a mentir, esas tazas me fascinaban.

Una tarde tuve que acompañar a mis abuelos a un bazar, porque tenían que comprar un porta servilletas, lo cual significaba una oportunidad única de encontrar otra más de esas tazas.

El viaje en colectivo era largo, probablemente yo importunaba a mis abuelos con preguntas tontas de todo tipo… hasta que llegamos.

El bazar quedaba en Liniers, y era gigantesco. Mientras ellos buscaban sus cosas, me fui a recorrer cual exploradora los confines del bazar… estaba segura que tendrían.

Finalmente me topé con una pared entera con ganchos de los cuales colgaban decenas de tazas, todas con nombres, iniciales, y dibujos de lo más kitch. La felicidad me colapsó el cerebrito y corrí como una enajenada a revolver entre todas para encontrar aquella que fuera para mí, y mangueársela a mis abuelos, pero evidentemente puse demasiada emoción en el asunto, porque al colgarme de un gancho… ¡PRAFFFF! Se cayeron todísimas al piso, haciendo un ruido ensordecedor.

Mis abuelos corrieron a socorrerme, y al rato apareció la encargada del local.

Yo seguía sentada en el piso (porque también me caí) y miraba arrobada para todos lados, sin saber qué hacer.

Mis abuelos se querían morir.

Mientras, la encargada revisaba las tazas junto a ellos, para cobrarles aquellas que estuvieran rotas. Yo aproveché ese momento para huir avergonzada al fondo, pero me engancharon justo y me hicieron quedar.

Para bronca de la encargada, no se había roto ninguna, pero a mí no me importaba: sentía una vergüenza imposible de superar.

Asique mientras mis abuelos pagaban, decidí para zafar fingir que me causaba gracia.
Eso sí: siempre de espalditas, y con los ojos llorosos.

Dicotomía

¿Volverá Seamos este año, o empezaré la facultad sin experiencias inverosímiles, es decir, teniendo una vida 'normal'?

Microcuento: Literalidad

¡Dale, dale! -le rogué. Por favor, copate. Una sola, chiquitita, y no te molesto más.
Pero no, él seguía impávido; no le importaba mi sufrimiento.
¿Qué te cuesta? ¡Daaaale, pleeease! Una sola, dale. Te prometo que te la cuido, te la traigo todos los días... no sé, lo que quieras.. ¡Por favor!
Me contesto que no. Y como se seguía negando lo terminé escupiendo, ofendida.
Ese día aprendí algo vital: Es inútil pedirle peras al olmo.



(Seguimo' con los cuentos. ¡Perdón! Ya me desgraciaré en público o algo bizarro pasará, ¡se los prometo! )

Un breve cuenticho

Siendo los últimos dos posts de cuentos que escribo en el taller literario, les pido disculpas. Sé que les interesan más mis desgracias que mi producción narrativa... pero todo sea porque Seamos no muera.

Harto, se miró por decimocuarta vez en el espejo. ¿Qué era lo que faltaba?
Color no, claramente. Tampoco era cuestión de tamaño, pero el vacío era importante y se notaba.
Qué enfermo lo ponía. Lo exasperaba, al punto que se volvió a poner el traje y apagó la blackberry  para salir a caminar:  Total, era muy improbable que a esa hora cerrara alguna transacción importante.

Deambuló  por el barrio, se cruzó a un par de colegas -entre ellos un pesado que siempre quiso robarle el puesto, y que ahora lo interrogaba, envidioso.
Cuando se lo sacó de encima, siguió andando, circunspecto, y sin darse cuenta recorrió más de 30 cuadras. En ese instante, una verdulería se lo chocó y le rompió las cavilaciones.

De puro vengativo, resolvió entrar y robarse una fruta cualquiera, una pera quizás.
Una testigo lo reconoció: "¿Pero ese no es el gran funcionario...?"

Recién en el camino comprendió la naturaleza del acto, ¡eso había estado buscando!
Rió como un bebé, y volvió a su casa corriendo, inundado de ansiedad. Se sacó el traje, se cercioró de que sus hijos no estuvieran, y, algo más tranquilo, se posó frente al espejo.

Levantó la pera, y la acomodó en el lugar exacto. Lo maravilló el contraste, sobretodo con su piel.
Satisfecho, se miró por decimoquinta vez: ahora sí su tocado parecía el de Carmen Miranda.
Vicios.

Según los conceptos generales, un vicio es una actitud o hábito incontrolable y perjudicial. Existen muchas clases de vicio: el tabaquismo, la drogadicción, e incluso la ninfomanía.
Sin embargo hay uno, un tanto más curioso, que es el de intercalar palabras en otro idioma mientras se habla.
Si bien no es perjudicial, en grandes dosis resulta exasperante. Porque no nos referimos a un  "oquéi" inocente, de los que todos usamos y que incluso resultan casi imprescindibles, sino a esa gente que, como antes mencioné, le es inevitable aderezar la lengua con modismos extranjeros, por innecesarios que estos fuesen.

Pero además, a-de-máaaas… cabe resaltar que dentro de esta categoría de individuos también hay clasificaciones, que generalmente pueden darnos una idea de su personalidad, según el idioma que utilicen.

Los más comunes son los que hablan inglés: "sorry", "darling", "of course", "bye". Suelen ser epítetos utilizados por  tilingas de uñas largas y voz impostada, que creen que su conducta les da "nivel".
Por el lado masculino, ellos son los "young leaders" o "entrepreneurs" : treintañeros que les gusta proponer "brainstormings" al "team" o a la "crew" de la empresa, que les gusta el "touch and go" y que también, su autoimagen es la de un tipo innovador o un canchero bárbaro.

Los que hablan en francés, por otro lado, son gente un poco más difícil de encontrar, pero claramente más pretenciosos que los anteriormente citados. Ven a los que hablan inglés como "la chusma", y secretamente se autodefinen como "distinguidos" o  gente "de mundo", "viajada".

Sigamos con un clásico, el argento que habla en italiano. Bonachón, algo guarro, incluso él se define como "es que yo soy muy tano, vissssste? Muy familiero, pasional"
Frases como "sono arrivato"; "con tutti" y "andiamo" no paran de sonar en su mesa. En resumen, un Campanelli.

Sin embargo, todos los especímenes que hemos descripto, si bien son snobs de todo tipo, no tienen nada malo excepto su grasunguez o tilinguerío.

Pero...¡Mucho cuidado con los que hablen alemán, sobretodo cuando están enojados ! 
Podrían ser malignas reencarnaciones del Führer. Para comprobar esto, fíjese cómo reacciona ante la mención de algún apellido no alemán, ya sea Sánchez, Ribonelli o Saslafsky.
En caso de que muestre alguna mueca o comience a retorcerse en la silla, hágale un bien a la humanidad: enciérrelo y ¡denúncielo lo antes posible!

Cuentillos

Para toda la muchachada macanuda, les dejo un microrelatito que escribí para El Escritor Errante.
Para leerlo pueden hacer click acá
Como los copados ya me abrieron una sección propia, pueden fijarse las novedades haciendo click sobre mi nombre. Nada más, purretes. ¡A sacarle viruta al piso!
 
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